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Visita del colegio Sagrado Corazón a la finca La Salada

 

Esta semana hemos tenido una visita muy especial a la Finca La Salada: han venido a vernos los alumnos de 2º de Bachillerato del Colegio Sagrado Corazón de Mislata. En un recorrido a pie por la finca hemos estado hablando de todo el ciclo de producción de nuestros paraguayos y platerinas. Les hemos enseñado cómo ha evolucionado la forma de trabajar en el campo gracias a las innovaciones tecnológicas y a la automatización de los procesos.  Pero más allá de darles una clase teórica sobre agricultura, hemos querido transmitirles la pasión por lo que hacemos y mostrarles que el campo también nos enseña muchas lecciones prácticas para la vida.

 

Las diez de la mañana. Estamos en un cruce de la carretera que conduce hasta la finca La Salada. Allí esperamos la llegada del autobús que trae a 39 chicos y chicas junto con los tutores de cada una de las dos aulas de 2º de Bachillerato que tiene el Colegio Sagrado Corazón de Mislata (Valencia).  Nos hace mucha ilusión recibir esta visita. Aunque el día ha levantado con algo de niebla, finalmente el cielo está despejado y luce un sol radiante.  Ya llega el autocar, allá vamos.

 

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Tras pasar por el almacén y ascender por un camino asfaltado de 45 m de desnivel, llegamos al punto más alto de la finca. Allí bajan del autobús alumnos y profesores, les damos la bienvenida y poco después comenzamos la ruta. Desde este lugar se puede contemplar una panorámica excelente del paisaje que dibujan nuestros árboles, nuestras instalaciones y también parte de terreno aún sin transformar, en total 90 hectáreas de terreno, o lo que es lo mismo y para ayudar a los chicos y chicas a hacerse una idea, la extensión equivalente aproximadamente a 225 campos de fútbol.

Desde allí nos acercamos a una de nuestras balsas de riego y les explicamos cuáles son los 4 puntos de entrada del agua que utilizamos para el riego: dos pozos propios, la reutilización de aguas residuales procedentes de la depuradora del municipio de Bugarra y ¿adivináis cuál será el cuarto punto? Rápidamente uno de los alumnos responde: “la lluvia”. ¡Muy bien! Los chicos están atentos a nuestras explicaciones.

El desnivel de la finca y una mínima canalización nos permiten también recoger la escorrentía de lluvia en un embalse artificial que hemos hecho en la parte más baja de la finca y que, además de volver a utilizar para el riego, también alimenta los acuíferos. Nos gusta hacer un buen uso de los recursos que nos da la naturaleza.

Les comentamos que esta balsa contiene 13.000 m3 de agua, o, volviendo a las comparaciones, lo que serían 4 piscinas olímpicas. Más abajo tenemos otra el doble de grande. Aprovechamos para contarles que empleamos el riego por goteo, un sistema que supone un gran ahorro de agua, puesto que el árbol recibe justo la dosis de agua que necesita y no se desperdicia ni una gota.

Dicho esto, nos encaminamos hacia la siguiente parada en nuestro recorrido. El sol comienza a apretar, pero así es el trabajo en el campo: haya sol, lluvia, viento, frío…  hay que estar al pie del cañón.

 

Cómo es el ciclo de producción de los paraguayos y platerinas

 

Llegamos a un pequeño montículo desde el cual también se divisa otra estupenda panorámica. Allí contamos a los chavales por qué disponemos de 30 variedades de paraguayos y platerinas, y es que, imaginaos, si cada variedad produce fruta durante diez o quince días y sólo tuviéramos una, ¡tendríamos muchísimo trabajo durante esos días y luego nada! Nuestro calendario varietal está estudiado y elegido de tal forma que nos permite enlazar una variedad con otra y tener con ello producción desde principios de junio hasta finales de agosto.

Les explicamos cómo cambia el aspecto del campo según en qué fase del ciclo de producción se encuentre. En este momento los árboles se preparan para descansar, en breve comenzarán a caer las hojas y el suelo se cubrirá de un manto con una mezcla de tonos amarillos, verdosos y rojizos.

Con la llegada del invierno los árboles están desnudos y hay que podar las ramas pensando ya en la siguiente campaña: qué rama está mejor orientada, de qué longitud se deja, cuáles van a obstaculizar la ventilación de la copa… Con estas labores de poda empieza nuestro protocolo sabor, que persigue la excepcional calidad de nuestra fruta y del que  hablamos con más detalle  en la web, http://77.104.141.206/~cabesan1/protocolo-sabor/. Nuestros frutales están dormidos, reponiendo fuerzas y esperando la llegada de la primavera, donde volverán a brotar con intensidad.

En marzo comienza la floración, una explosión de color en toda regla. Es impresionante la estampa que ofrece el campo en esta época, conviven variedades que están en flor con otras de las que ya empiezan a brotar las hojas. Rosas, verdes, marrones, la gama de colores que ofrece el campo es un espectáculo realmente bello.  Aunque sabemos que nunca será lo mismo que verlo en directo, mostramos a los chicos unas fotografías que ilustran esta fase. Es en este momento cuando más fácilmente se observa en el paisaje la distribución de variedades.

De las flores surgirán los frutos. Éste es el momento en el que ya se empieza a distinguir el paraguayo de la platerina y sus dos colores de carne, amarillo y blanco, aunque hay que escudriñar en el interior de la flor para verlo. Otra vez unas fotos ilustran nuestra explicación.

Luego, cuando los frutos son todavía pequeños procedemos a las labores de aclareo. Se trata de una tarea que se realiza manualmente. Nuestro equipo de chicas recorre fila por fila, árbol por árbol, rama por rama; eligiendo los frutos con las ubicaciones más favorables y descartando los tamaños no uniformes. Sólo continuarán creciendo un 10% de los frutos, el resto es desechado.

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El incendio de Chulilla en 2012

 

Desde donde nos encontramos se distinguen zonas de monte quemado a lo lejos. Los chavales nos preguntan por esto. Y es que sí, contrariamente a lo que algunos piensan, las labores agrícolas contribuyen también a proteger el medio ambiente. En efecto, en 2012 se produjo unos de los incendios más graves de nuestra comunidad. A nosotros nos tocó bien de cerca, el fuego avanzó muy rápido desde Chulilla, localidad a 28 km por carretera de Pedralba.

Pues bien, la finca hizo de cortafuegos natural, el incendio rodeó la finca, la humedad y condiciones de nuestro terreno impidieron una catástrofe mayor y sólo se vieron afectados los árboles perimetrales.

 

 

Los cestitos amarillos, o cómo controlamos las plagas

 

Continuamos nuestro paseo campestre, poco a poco vamos descendiendo entre árboles frutales. A los chicos les llaman la atención los cestitos amarillos que cuelgan de algunas de las ramas y durante todo el trayecto nos han estado preguntando por ellos. Es ahora cuando toca desvelar el misterio. ¿Qué serán?

Con dichos cestitos son con los que se lleva a cabo el trampeo de plagas, porque, tal y como argumentamos en tono jocoso: “a nosotros nos gusta la fruta, pero a un montón de bichos también”. Queremos hacer especial hincapié en este aspecto: el control de plagas. A nuestra fruta, además de esa lucha biológica que han visto en los árboles, también le aplicamos productos fitosanitarios autorizados para nuestros cultivos, sin superar las dosis máximas recomendadas y respetando al máximo los plazos de seguridad.

Este aspecto de nuestra forma de trabajar es sumamente importante,  porque en Cabesan la calidad va directamente relacionada con la seguridad y nuestros paraguayos y platerinas, además de sabrosos son seguros; así lo muestran nuestras analíticas de control de residuos que actualmente rozan el residuo cero. ¿Qué quiere decir esto? Pues que estos productos químicos que utilizamos para combatir las plagas o enfermedades de los cultivos, son degradados en cuestión de pocos días, principalmente por la acción solar, hasta casi desaparecer por completo del fruto.

De hecho, las autoridades sanitarias, tanto nacionales como europeas, son las que fijan todos esos valores y recomendaciones, de forma que su cumplimiento autoriza la comercialización y el consumo de la fruta. Sin embargo, con frecuencia, los grandes clientes determinan sus propias exigencias en esta materia. Es lo que nos sucede con algunos de los nuestros, que exigen valores de residuos ¡hasta diez veces por debajo de los que marca la legislación! ¿Y sabéis qué? Nuestro “casi residuo cero” los cumple sobradamente.

Este es uno de los motivos por los que nos sentimos orgullosos de la calidad de nuestros paraguayos y platerinas, unidos a su intenso sabor, dulce y crujiente a un tiempo. Los profes del colegio Sagrado Corazón tuvieron ocasión de probarlos en la pasada campaña de verano y, tal y como nos cuenta Jorge, el tutor de una de las clases que hoy nos visitan, ¡en cuanto los probaron decidieron hacer otro pedido de inmediato!

 

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El cabezal de riego, nuestra sala de máquinas

 

Por fin llegamos al final de nuestro recorrido: el almacén. En una sala contigua está ubicado el cabezal de riego, hacemos pasar a los chicos para que descubran cómo se automatiza esta tarea. Varios depósitos distribuidos bajo el nivel del suelo contienen los abonos que añadimos al agua de riego.

Les explicamos cómo usamos el ácido nítrico para bajar el PH del agua, lo cual no deja de ser una aplicación práctica de sus clases de química. Y es que estos chicos participaron, a través de un ejercicio que planteamos a su tutor, a resolver una cuestión relacionada con la dosis utilizada con uno de los abonos y el aporte nutricional que representaba. Nos gusta que vean cómo las cosas que estudian en clase tienen aplicación en la vida laboral. Los chavales respondieron de maravilla al ejercicio que les propusimos.

En esta sala se ubica también el equipo informático desde el cual se programan los riegos de los diferentes sectores de la instalación de riego de la finca según horario y duración. Jorge nos pide que les hablemos de las electroválvulas porque sí, resulta que en el campo tenemos wifi, pero un wifi peculiar. A lo largo del terreno están distribuidos varios receptores de ondas que recogen la señal emitida desde el programador del cabezal de riego y la reenvían a dichas electroválvulas, que funcionan como un “grifo” que se abre y se cierra a distancia para permitir el paso del agua a los árboles.

¿Cómo han cambiado las tareas del agricultor en comparación con lo que hacían nuestros abuelos, verdad?

 

Por la vida también vamos a la intemperie

 

Para poner punto final a la visita les hablamos de nuestra marca, de cómo fue todo el proceso de creación y por qué nos llamamos Cabesan, la fruta solidaria. De nuestro compromiso social, ayudando a jóvenes en situaciones de exclusión social a encontrar su primer empleo, realizando donaciones de fruta a Casa de la Caridad y otras instituciones, y cómo este año vamos a apoyar la investigación médica. Y además, queremos compartir con ellos una reflexión final, para que se lleven algo más que una clase de ciencias de esta visita.

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El campo nos enseña muchas lecciones para la vida. Al igual que tenemos que estar ahí a pesar de la lluvia, el viento, el frío o el calor, al igual que no se puede prever cómo va a ser una campaña porque puede venir un pedrisco y echar a perder el trabajo de todo un año, por la vida muchas veces también vamos a la intemperie, y hay que saber adaptarse a las circunstancias y seguir avanzando, reinventarse, volver a empezar. Sin perder la ilusión ni la motivación.

Los jóvenes estudiantes que hoy han venido a vernos se encuentran en un momento en que deben decidir a qué quieren dedicarse en el futuro, cuál va a ser su profesión. Nosotros les aconsejamos que escojan aquello que les apasione, al igual que a nosotros nos apasiona el campo y nuestra fruta, porque el trabajo va a ocupar muchas horas de su vida y más vale que elijan algo con lo que disfruten, ¿no es cierto?

Ha sido un placer disfrutar este ratito con ellos, ha sido enriquecedor para todos. Muchas gracias por mostrar ese respeto hacia nuestro trabajo. A los chicos y a sus tutores, Jorge y Montse. Esperamos volver a veros pronto y dejamos nuestras puertas abiertas para acoger nuevas visitas escolares.